29.Julio.08
Una vez más, el cielo azul, sin nubes, parece sonreírse a sí mismo en la lisa y tranquila superficie del río. Los árboles, de color verde intenso, relucen bajo la luz de un sol brillante y abrasador, como si acabaran de ser pintados por el mejor de los pintores. Agosto está llegando, y, por suerte o por desgracia, las cosas por aquí no cambian mucho. Es como una mezcla de dolor de cerebro, líquido en el estómago segregado por el pánico y pies de plomo mezclado con días voladores desenfrenados. Es curioso como la gente siempre intenta huir a toda velocidad de la rutina, justo lo contrario de lo que busco yo. Días rutinarios, sin sorpresas inesperadas (como notas discordantes en una canción conocida), sin cosas extraordinarias y sin sucesos insólitos. Un día normal en una vida especial.
A lo mejor con una rutina soy capaz de llevar el blog al día.